- Bueno nena, saludá a la nada que nos vamos de este cuento.
- ¿Por qué?
- A ver… contestame vos por qué. ¿Acaso sucedió algo tan importante como para que nos quedemos?
- (silencio y mirada al suelo)
- Me alegra que estemos de acuerdo.
- Pero quizás haya algún motivo que justifique su ausencia…
- Su ausencia, su olvido, su desatención… ¿su impaciencia?
- Entiendo… pero no me quiero ir, quizás regrese y haga algo que demuestre que valió la pena.
- ¿Si? ¿Cuándo? ¿Cuántos más? No querida, así no debe ser. Ya aprenderás a no ser tan ingenua.
- No, ¡no quiero dejar de ser ingenua!
- Entonces te romperán el corazón.
- Lo repararé.
- Cuando quieras hacerlo ya habrás perdido el valor, las fuerzas y la confianza.
- No importa. Alguno no marchito algún día aparecerá.
- Está bien, seguí esperando pero de acá me voy.
Empezó a llover, una partió bajo su paraguas, su sobretodo y una bolsa de nylon especial para no mojarse ni un pelo de la cabeza. La otra quedó mojada hasta los tuétanos esperando vaya a saber qué. Como la loca del muelle de San Blas pero en otra parte, en otro planeta donde se espera que los colectivos pasen vacíos y te lleven al fin del mundo.

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