jueves, 20 de octubre de 2011

Nena, saludá que de este cuento nos vamos...

-         Bueno nena, saludá a la nada que nos vamos de este cuento.
-         ¿Por qué?
-          A ver… contestame vos por qué. ¿Acaso sucedió algo tan importante como para que nos quedemos?
-          (silencio y mirada al suelo)
-         Me alegra que estemos de acuerdo.
-         Pero quizás haya algún motivo que justifique su ausencia…
-         Su ausencia, su olvido, su desatención… ¿su impaciencia?
-         Entiendo… pero no me quiero ir, quizás regrese y haga algo que demuestre que valió la pena.
-         ¿Si? ¿Cuándo? ¿Cuántos más? No querida, así no debe ser. Ya aprenderás a no ser tan ingenua.
-         No, ¡no quiero dejar de ser ingenua!
-         Entonces te romperán el corazón.
-         Lo repararé.
-         Cuando quieras hacerlo ya habrás perdido el valor, las fuerzas y la confianza.
-         No importa. Alguno no marchito algún día aparecerá.
-         Está bien, seguí esperando pero de acá me voy.
      
      Empezó a llover, una partió bajo su paraguas, su sobretodo y una bolsa de nylon especial para no mojarse ni un pelo de la cabeza. La otra quedó mojada hasta los tuétanos esperando vaya a saber qué. Como la loca del muelle de San Blas pero en otra parte, en otro planeta donde se espera que los colectivos pasen vacíos y te lleven al fin del mundo.

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