lunes, 15 de febrero de 2010

La Mujer del Museo

Fue una obra de arte mirada de lejos.
Bella, única, sin punto de comparación.
Él se fue acercando.
Vió las pinceladas que la componían.
Ya no era lo mismo.
Dando media vuelta se alejó.
Siguió su recorrido.

Se requiere de conocimiento y capacidad para observar una obra de arte de cerca; las pinceladas se ven desparejas, duras, imperfectas si no comprendemos que cada una de ellas forma una sola y bella obra y que cada particular pincelada fue dada en el lugar correcto por el artista para lograr el trabajo final.
Lo mismo sucede con las mujeres, podemos llegar a ser las obras de arte más valiosas, de hecho lo somos, no para ser miradas de cerca y juzgadas sino para ser vistas, conocidas, apreciadas y luego amadas.

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