martes, 2 de noviembre de 2010

Escrito nacido en la decimoctava hora de un viaje

Él estaba enojado, cansado... en medio de su enojo giró su mirada hacia ella y se encontró con la mejor postal que había visto en años. Ella posaba con los dedos hundidos en su pelo, tenía la mirada perdida y el sol destacaba su perfil. Parecía ausente. Estaba parada con los ojos fijos, clavados en ningún punto.
Él queria hablarle, expresarle lo que sentía en ese momento pero cualquier palabra iba a resultar opaca, entonces eligió callar y solo observar a aquella estatua que una vez fue mujer.

"Historia del placero sin amor", 23/05/2010

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