Y así de repente me dieron ganas de que mis dedos fueran pinceles y exploten sin razón en mil colores y se posen como tinta en aquel paredón.
Si, en ese paredón, en el que todos alguna vez tuvimos enfrente y no nos atrevimos a saltar, a tirar o a pasar alrededor.
Pero si al paredón le ponemos color, le ponemos dibujos y colores de flor quizás lo veamos amigable. Es que ese paredón es la vida entera y a la vez una parte. Encontrarlo con los dedos llenos de magia será como abrir una ventana en una mañana llena de sol, no importa si hay nubes si ese sol aún da calor.

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