martes, 24 de septiembre de 2013

Condenados por ser fiesteros


Así como disfruto de los amigos que me alegran el alma y hago regocijar mi estómago con un buen lomo argento, también me gusta leer la Biblia porque descubrí que es el mejor y más efectivo bálsamo que nutre, empareja y calma mi espíritu.

Hoy por la mañana, momento de frescura mental en el que planeo el día y tomo un tiempo especial para meditar, leí la parte bíblica que narra aquellos días en los que Jesús anduvo por la tierra, más precisamente el capítulo 15 del libro de Lucas, versículos 1 al 10. Creo que, si lo lees y estás dispuesto a entenderlo, puede llegar a darte una cachetada como me la dio a mí.

Sin preámbulos, Lucas narra que Jesús, (máximo expositor y referente de cómo tener una vida correctamente vivida), se juntaba con personas antirreligiosas y con comportamientos contrarios a todo consejo o mandamiento divino (entre nosotros, eran los que andaban “en cualquiera”), por lo tanto, los que sí eran religiosos hablaban mal de Jesús por recibir y comer con los “pecadores”.

Dándose cuenta de ésto, Jesús, tan atento y sutil como siempre,  les pregunta: “¿Quién  de ustedes teniendo cien ovejas, si pierde una, no deja a las noventa y nueve y va tras la que se perdió hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros y al llegar a casa reúne a sus amigos y vecinos diciendo: Alégrense conmigo porque he encontrado la oveja que se había perdido. Les digo que así habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento.”

La cachetada va directa a la mejilla de la seguridad cristiana de la que muchos, mal que nos pese, padecemos. Y si no, me pregunto y te pregunto, ¿cuándo fue la última vez que nos sentamos a conversar con alguien que tomó una mala decisión y está sufriendo las consecuencias?

Claro, entiendo… Es que el fracaso no hace amigos. No queremos ser juzgados por charlar con la chica que quedó embarazada, ¡mucho menos con aquella que abortó! A los amigos que tienen algún vicio los recibimos de la puerta para adentro mientras salimos a tomar café o helados con aquellos que real o aparentemente están bien, entre muchos ejemplos más.

Afortunadamente, ante cada reto, tenemos la posibilidad de elegir y reubicarnos... no sé dónde preferís estar vos pero yo (aunque sea más incómodo) elijo empezar a estar cerca de los que necesitan un hombro, un oído o un pañuelo y ser culpable de que el cielo se llene de fiesta.


¡Te invito a que vos también aceptes el desafío de ser el o la mejor organizador/a de fiestas del planeta Tierra! ; )

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