Volvió a salir la luna, ahí, en el mismo cielo que cubre la alegría y el llanto, vuelve a brillar la luna.
No sé si entre tanta ciencia activa ya estudiaron si la fuerza que hace girar nuestro satélite más bello tiene átomos en el medio o se trata de otro tipo de partículas suspendidas en el espacio que impulsan cada milímetro de movimiento lunar.
¿Cuándo fue que la luna se empacó renunciando a salir? Jamás, desde hace millones de años que ella, obediente y conociendo bien su senda: mengua, crece, desaparece y vuelve a aparecer. Tan mágica.
Quizás lo de la luna no sean átomos, sino sean partículas de resiliencia, de ánimo y fuerzas cósmicas especiales, como mágicas chispas de Dios que la empujan a ponerse bien linda y resurgir.
¡Porque hay que tener ganas de repetir millonadas de veces la misma rutina y cada vez ingeniársela para aparecer tan esbelta!
Y es que no logro saber si la luna tiene mucho de humana o los humanos tenemos mucho de luna, y por eso, si decidimos juntar fuerza, tarde o temprano, en algún ciclo, reaparecemos.


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