Te levantás para caerte de nuevo porque muy dentro tuyo sabés que cuando tu nariz haya rozado el piso habrás recibido un aprendizaje lo suficientemente poderoso para volverte a levantar, aunque vuelvas a caer.
Cíclica: así es la vida.
Perdonás errores que sabés que te volverán a cometer porque el amor de adentro late más fuerte, aún sabiendo que la historia tiene grandes probabilidades de volverse a repetir.
Amable: así es el amor. Probable: así el desamor.
Aceptás propuestas con la confianza de que mientras tu frustación se minimizaba el mundo había mutado su vileza y un manto de justicia y felicidad ahora cubría la tierra.
Contínua: tal es la decepción.
Insistente: así la resiliencia.
Playas de sal, saleros de arena y una vida que nos lleva a la muerte contínua haciéndonos Fénix de nuestro propio cuento que podríamos tornar en leyenda. O seguimos verseando como cuentos baratos o nos reinventamos para amanecer a un nuevo día con siete renovadas e intactas vidas y las mejillas sanas para volverlas a poner.
Así de cruelmente bella es la vida: una historia que de aprender a saborearla trata.

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