Hoy mi compañera anónima no viajó en el asiento de al lado en el colectivo. Hoy el viaje no fue igual porque hoy nadie me pidió permiso para bajarse dos paradas antes que yo.
El paisaje no era el mismo y es que aún estaba la luna y hacía frio.
Escuché cuatro veces la misma canción. Extrañé a mi compañera anónima, extrañé quizás, su historia (anónima) y su valor ante la vida.
Y es que de ella no sé su nombre pero cada jueves la encuentro en el segundo asiento de la segunda fila escuchando vaya a saber qué música. Ella nació con un solo brazo, con dos nombres y un apellido (lo espié en uno de sus rótulos). Para cuando la encuentro ella ya ha tomado dos colectivos para llegar desde donde vive hasta donde va.
Va a cuidar a dos niños que viven a 50 kilómetros de su casa. Siempre viaja con dos carpetas, una es la de sus estudios secundarios y en la otra lleva los apuntes de un curso de repostería que está haciendo. Sale de su casa a las 6 de la mañana y vuelve cerca de las 8 de la noche.
Esa chica anónima para mi dejó de serlo porque hoy noté su ausencia.
A mi compañera de viaje le falta un brazo pero hay algo que le sobra porque sonrie cada vez que la encuentro.

Excelente publicación! Cuantos anónimos por ahí nos enseñan diariamente! grosooo!
ResponderEliminarCuestión de tener los ojos y el corazón abiertos! Gracias por comentar! :)
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