Cuándo: 01/10/10
Dónde: en el buffet del Jackson South Hospital, Miami
Hora: 4 a.m.
Ocasión: Nacimiento de Junior, mi primito más reciente
Un viaje de nueve meses entre la vida en tiempo real y la vida en la eternidad. Madre e hijo en gestación, se observan, se cambian pero por sobretodo utilizan la capacidad más hermosa de la mente humana para conectar ambos mundos: ellos se imaginan.
Es una aproximación directa que el Creador tiene con el embrión, es un momento preciso en que ambos pueden mirarse a los ojos y es el mismo diseñador del Universo el que susurra a oídos del pequeño encomendaciones sobre las capacidades y decisiones de ser que éste tendrá luego de su llegada a la Tierra.
Pienso sobre el tratamiento de las doncellas hacia los pequeños capullos por nacer, y por último se me representa el gran y verdadero "Big Bang" de la creción, la conexión de millones de estímulos eléctricos que hacen poner de acuerdo a la madre y al hijo en cuestión de milésimas de segundos.
¿Dónde existe mayor magia, milagro y asombro que en la gestación y nacimiento de una nueva vida? Nunca una historia estuvo tan basada en la vida real!
Hablando de la vida en relación, debo decir que la definición de matemática como ciencia exacta nunca terminó de convencerme. Acepto sus reglas, procedimientos y resultados pero en la vida real no funciona. ¿Por qué? Bueno, entre otras cosas, la matemática no puede explicar que 1+1 hagan 3: cuando un hombre se une con una mujer, produciéndose el mayor milagro existente que es la gestación, al cabo de (generalmente) nueve meses, el resultado es tres. Tampoco se cumple cuando dos se dividen quedando siempre más partes (rotas) de las calculadas.
Asimismo, no considero que los ateos o agnósticos carezcan de fundamentos para creer: Dios hace milagros, todos los días, haciendo nacer nuevas vidas. Pero analizando la vida misma y su entorno por completo encuentro razones suficientes para creer en la magia y permitirme diariamente el privilegio de imaginar.
Descubrí, además, que el sueño no solo está en el diario vivir para descansar sino que es una excusa divina para imaginar, para volar y, aunque no seamos conciente de ello, estoy segura que en algún momento todos volvimos a evocar aquella vez en los que fuimos embrión, ese tiempo de paseos por la eternidad y los instantes, que quizás fueron años, en los que fuimos sostenidos por las cálidas manos de Aquel que nos formó.

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